La
actividad física y el deporte constituyen en el mundo actual un fenómeno universal
de singular complejidad e importancia. Su constante desarrollo y crecimiento
–que se ha dado con fuerza en el siglo XX– como así también sus cambios
permanentes y novedosos crean espacios diversos donde circulan ofertas y
demandas de productos y servicios deportivos que producen impactos decisivos en
la cultura de las sociedades.
El propósito del deporte para con la sociedad:
La
ampliación y la búsqueda de nuevos recursos analíticos en la comprensión de la
multiplicidad de escenarios y sentidos que toma el deporte en la sociedad
moderna y post-moderna occidental. Nuestro objetivo es mostrar la relación
entre deporte y cultura para comprender cómo el deporte refleja los más amplios
procesos sociales y cómo contribuye, a la vez, a modificarlos. La configuración
simbólica del deporte, su polisemia y su significación social le dotan de hecho
una gran capacidad de penetración en ámbitos sociales muy diferenciados, puesto
que está estrechamente relacionado al concepto de performance.
Deporte,
cultura, sociedad:
El
deporte es uno de los fenómenos más amplios y difundidos en nuestra época; uno
de los sucesos de nuestro tiempo, hecho individual y social de grande
intensidad, así como una forma hoy muy popular de utilización del tiempo de ocio (Seoane 2003). Su expansión puede ser
considerada una de las primeras manifestaciones de la mundialización, con
respecto del incremento del número de participantes, de los intereses
mediáticos y de las inversiones económicas (Hobsbawm 1991). Padiglione (1996)
propone algunos argumentos que justifican el éxito del deporte cuando habla de
su capacidad simbólica de representar la tensión entre la unidad y lo múltiple,
el orden y el caos, la interpretación compartida y el rumor polisémico:
capacidad que puede ser completada con un cierto potencial de canalización del
sentido del mundo. Cagigal (1975), en cambio, centra en el carácter competitivo
concretado en la espectacularidad. El deporte es un concepto sui
generis, dotado de una irresistible capacidad de
penetración cultural y dilatación social con diferentes comportamientos,
valores, marcos expresivos y cognitivos. El deporte entra de hecho con fuerza
tanto en la dimensión social macro como en el micro.

El deporte como metadiscurso de
la sociedad moderna
El deporte es expresión
cultural de la sociedad y del tiempo en el cual es pensado, practicado y
disfrutado. Sólo limitándonos a la historia más reciente, el sistema deportivo
se ha visto cada vez más encarnado en el último siglo en las características
básicas del periodo moderno. En el proceso de modernidad aparecen los deportes
reglados, sujetos a normas civiles en el espacio y en el tiempo. Guttman (1995)
señala y analiza el catálogo distintivo del deporte moderno en un listado que
sirve igualmente como representación social de la modernidad: secularización,
democratización, especialización, burocratización, cuantificación y récord.
Esta última característica, el récord, es la que mejor la define. Es posible
además hacer un paralelo entre deporte y organización taylorista del trabajo:
en ambos los ámbitos se realizan procesos de especialización y mecanización de
las prestaciones. El deporte, como dice Guttman (1995), se ha encaminado desde
"el rito a la marca" y representaría una forma diferente de trabajo
en la cadena de montaje. Desde sus formas más incipientes hasta sus
manifestaciones más elaboradas del presente, el deporte refleja y refuerza de
hecho la medicalización, la cientificación y la racionalización de la
expresividad humana. Con la modernidad el atleta llega a ser visto cada vez más
como una máquina eficiente, basando la ética del deporte en la performance
"máxima".

Consideraciones
de la sociedad, post-modernidad y post-deporte
Las
grandes civilizaciones se sostienen gracias a los mitos, a las narrativas que
dan sentido a la esperanza social, que socavan el miedo colectivo. La
modernidad (occidental) se ha apoyado en mitos: el bienestar social, el pleno
empleo, el colectivismo, etc. Pero tales discursos empiezan a desgastarse en el
crepúsculo del siglo XX. El desencanto de los valores de la modernidad abre la
puerta al temor y la incertidumbre de las acciones contemporáneas del ser
humano. La modernidad era un canto al futuro, a la idea de progreso. La
post-modernidad es, en cambio, el miedo al futuro que puede obligar a resguardarse
en el pasado, recuperando la nostalgia como una herencia idealizada (artesanía,
búsquedas de raíces genealógicas, antigüedades...) (Díaz 2003). Hacemos
mención de los siguientes:
- Un proceso de personalización multiforme que lleva a la
realización de prácticas a la
carta.
-
El narcisismo contemporáneo como corporeísmo que implica el relevo de la ética
por la estética.
-
La multiplicación de los sistemas de valores y de los universos simbólicos.
-
El aumento del poli culturalismo que provoca que ya no haya una identidad, sino identificaciones
múltiples.
-
El desarrollo de la sociedad de la comunicación generalizada conceptualizada
como sociedad informacional.
-
El tribalismo como medio de integración, donde el ámbito de socialidad son los
micro grupos.
-
La extensión de las solidariedades blandas como compromisos efímeros y
solidaridades débiles.
-
La aparición de la conciencia ecológica y sus consecuencias globales de
nuestras acciones.
-
La conciencia de vivir en sociedades de riesgo, de que la vida se desarrolla en
los límites.